Discusión con una muñeca hinchable
No sé en qué estaba pensando ella cuando me lo dijo. ¿Realmente pensaba que sólo la quiero para el sexo? ¿Creía que lo que siento por ella es tan superficial? El caso es que aquella noche me dijo que me comprara una muñeca hinchable. No sé qué se le pasó por la cabeza. Y tampoco sé qué se me pasó a mí por la cabeza. Pero le hice caso. Y por eso estás aquí.
Los dos sabíamos para qué habías venido. Yo tengo mis necesidades y tú sólo habías venido a satisfacerlas. Las noches son muy largas cuando estás solo. Ten claro que de eso no me quejo. Cuando necesito desahogarme, tu estás ahí, siempre dispuesta a aceptarme.
Ya sé que no podía esperar otra cosa. A fin de cuentas eres una muñeca hinchable, un objeto inanimado fabricado para un único propósito. Pero yo necesito más. Y tú no puedes dármelo.
Yo quiero amar y ser amado. Y yo amo a mi duende, la amo con todas mis fuerzas, la amo como nunca he amado a nadie. Pero el amor puede acabar contigo si no es correspondido. Sabía que estando contigo no podría olvidarla, pero, quizás, podría dejar volar mi imaginación, pensar que estaba con ella y así hacer mi soledad más llevadera. Sabía que era mentira, que me estaba engañando. Pero de todos modos lo intenté.
Y no ha funcionado. La frialdad con la que me aceptas por la noche es desesperante. Te limitas a estar ahí, dejándote hacer, sin mostrar interés o placer, como el trozo de plástico que eres.
¿No me dices nada? Claro, tú nunca dices nada. Ni si ni no. Si te hablo no me contestas, si te grito no te defiendes, si te cuento mis problemas no me escuchas, no sirve de nada. No te quejas, no discutes, no dices palabras bonitas. Tu silencio es descorazonador.
Te miro a los ojos y están vacíos, sin vida. No hay profundidad en tu mirada. Los ojos son el reflejo del alma y los tuyos muestran la ausencia de un alma.
Como no quiero verte siempre desnuda, he intentado vestirte. Pero ni siquiera el verde te sienta bien. No eres hermosa, nunca lo has sido, y por mucho que me esfuerce, nunca lo serás.
Nunca debería haberte traido. Tu no eres ella, no eres mi duende, mi vida, mi mundo. Ella sí es hermosa. Su cuerpo es pequeño pero bien formado. Su mirada de ébano me atraviesa y me derrite el alma. Sus cabellos reflejan el sol. Ella lo es todo para mi, y tú no eres ni siquiera un pálido sustituto.
Por eso tenemos que separarnos. Esta noche estaremos juntos, pero mañana irás al contenedor amarillo.