Dentro de unos cientos de años la sociedad y las leyes que hoy conocemos no tendrán nada que ver con lo que nos espera, pues las mujeres llegarán a lo más alto.
Poco a poco vencieron a una sociedad machista pero ellas se convirtieron en algo mucho peor, ellas y sólo ellas dominarían la tierra sin compasión a sus compañeros de especie.
La mayoría de hombres vivían encerrados en grandes cárceles llamadas granjas sin vigilancia de ningún tipo, pero de imposible escapatoria, ellos solos debían cultivar la tierra y mantener animales para subsistir, muy de vez en cuando eran observados por las "jefas del universo", las cuales daban por confirmados todos sus cálculos y espectativas sobre lo masculino. Dentro de las granjas ellos:
--No han formado ninguna sociedad
--No existen leyes salvo "la del más fuerte"
--Los débiles mueren pronto y nadie cuida de los enfermos
--Reina la violencia, la lujuria entre ellos y no mantienen limpias las instalaciones.
Otros hombres, los de más suerte eran vendidos como seres de compañía en tiendas. Cada uno desde pequeño había aprendido alguna tarea, la mayoría domésticas y les habían enseñado a obedecer y respetar a sus amas. El precio de no hacerlo se pagaba con la muerte. Cuando ya no eran útiles por el motivo que fuese los abandonaban en las temidas granjas.
Ángel, un hombre joven de unos treinta años había tenido suerte, hasta ahora no le había ido mal, lo compró una anciana cuando el tenía unos quince y su misión era entretenerla, a veces con algún masaje relajante, canciones o juegos. También mantenía la casa en buen estado. La anciana se portaba bien, lo sacaba a pasear al parque y así Angel podía estirar las piernas, correteando por la hierba y hablando con otros como él.
Pero un día la vieja anciana murió. Angel ya tenía treinta.
--¿Qué va a ser de mí? ¡No quiero que me lleven a las granjas! ¡Esos sitios son horribles, son para salvajes y asesinos!
Afortunadamente para él, su ama antes de morir había pedido a la tienda original donde lo compró que se hicieran cargo de él donándoles una gran suma en compensación.
Después de unas semanas entró en la tienda una muchacha.
--¿Qué desea? preguntó la propietaria
--Bueno, verá, nunca he entrado en este tipo de tiendas y siento algo de verguenza. Quisiera un hombre.
--Eso está claro, señorita, no vendemos otra cosa, pero, ¿qué busca exactamente?
--Un compañero, un amigo para hablar, discutir, busco algo más que tener un perro y me hablaron de este tipo de tiendas.
--Entiendo, pero tenga cuidado, creo que tiene usted unas maneras demasiado libertinas. Bien, este joven es Angel, es un buen muchacho. Su ama murió hace poco y nos lo devolvieron. No solemos aceptar devoluciones, así que si le da problemas o se cansa de él llévelo a la granja.
La chica no pagó mucho por Angel y muy contenta se lo llevó a su casa.
Ella tenía una bonita casa con jardín, nada más llegar comenzó a enseñarle la casa.
--Pasa, no tengas miedo, a partir de ahora este es tu hogar.
Mientras le mostraba cada habitación le iba explicando cómo debía limpiarlas y qué es lo que podía tocar y lo que no. Angel la miraba con atención pero más que escuchar sus futuras obligaciones comenzó a observarla detenidamente.
No era una mujer guapa a primera vista, más bien poca cosa, hablaba nerviosa y muy deprisa, otras veces se quedaba en pausa como pensando y al poco continuaba con otra conversación distinta. Pero en conjunto no estaba mal.
--¡Ah! ¡lo más importante!, se me ha olvidado decirte cómo me llamo, soy Nuria.
--Nuria --repitió Angel.
Entonces Nuria hizo otra de sus "pausas" y se quedó mirando al chico detenidamente.
Angel ya era un hombre pero su mirada oscura y tierna le hacía parecer un niño, su pelo castaño, liso y algo largo le tapaba parte del rostro.
--¡Vaya! Tienes anchas espaldas y buenos brazos que le vendrán bien a mi jardín, hay que cortarlo una vez al mes y arrancar matojos. Bien, puedes empezar.
Angel se encontraba bien en aquel lugar, no echaba de menos a su vieja ama.
--Esta nueva ama no está nada mal, es simpática y bastante más joven que la anciana.
Conforme iban pasando los meses Angel dejó apartadas la mayoría de sus tareas domésticas y se ocupaba más de estar cerca de su ama, ella se lo pedía:
--Vengo del trabajo muerta, siéntate aquí a mi lado. Cuéntame cosas de tu antiguo hogar ¿lo echas de menos?
--En verdad no. Aquí contigo me siento a gusto. Me olvido que soy sólo un esclavo.
Ahora fue él quien hizo una pausa.
Ella le miró con cierta tristeza, pero apartó pronto la vista. Algo había cambiado en Angel, sus ojos ya no le parecieron los de un niño.
El comenzó a acariciarle el pelo:
"Qué bonita sensación", pensó.
Estaban sentados uno junto al otro en la habitación de ella. Por la ventana aún entraba algo de luz a pesar de que ya había atardecido.
Angel contemplaba a su ama, que le pareció preciosa en aquellos instantes. Sin darse apenas cuenta la había rodeado con sus brazos.
"Tengo que besarla, no lo puedo evitar"
Acercó sus labios a los de ella y los besó.
--Nuria ¿estás temblando? Lo siento, lo siento. Sólo soy un hombre, un siervo sin valor, ha sido un atrevimiento, una rebeldía. Te pido perdón.
--Está bien. Escucha, creo que esta situación en la que vivimos es injusta para los hombres, también sois seres humanos, perosnas como nosotras con sentimientos y os tratamos como ganado, comprando y vendiedo, esto tiene que acabar, a veces sueño con tener familia, hijos, pero...
--Lo sé, si sale varón las leyes obligan a donarlo a la escuela de adiestramiento para que el día de mañana se haga un esclavo ejemplar y con el tiempo, cuando ya no valga o lo abandonen morirá en una de esas "granjas" infernales. Ese es mi futuro.
--¡No! Intentemoslo, huyamos lejos, estoy harta de todo esto.
--Soy tu esclavo y te quiero. Haré lo que desees aunque me cueste la vida.
--Deseo tu amor y contigo formar una familia.
--Tus deseos son órdenes para mí. Eres mi Ama.