Los espíritus del fuego
Como siempre, Edgar volvía a casa borracho.
Había entrado en casa, y disponía a beberse el vigésimo vaso de whisky cuando entró su hijo. Alan, que así se llamaba, estaba hecho una furia.
"¡Papá! ¡Prometiste que dejarías de beber!"
"¿Si? ¿Y cuándo lo hice?"
"Ayer, papá, tenías que haberlo cumplido. No digas nada, sé lo que vas a decirme. Que bebes porque te aburres, que no saber qué hacer cuando estás sobrio."
"Exactamente. ¿qué podría hacer?"
"Leer, ¿por qué no lees un poco? No sabes el bien que te haría. Sí, ya sé que no sabes leer, pero, podrías aprender, ¿no?".
"No. No podría aprender. No sé leer, y no quiero saber. Y si me vas a llevar la contraria, mejor no hablamos".
"Sí, papá. Te voy a llevar la contraria. Tienes que a leer. Tienes que leer. Papá, no lo comprendes. Papá, ¿por qué me miras así? ¿qué vas a hacer con esa biblia? ¡¡Papáaaaaa...!!!"
Lo había hecho. Le había matado. No podía soportarlo. Claro, siendo tan estudioso se había vuelto muy pesado. Entonces se le ocurrió una idea.Iba a hacer creer que había sido un accidente, que había muerto en un... en un... ¡claro! En un incendio. Lo más deprisa que pudo, agarró a su hijo, lo llevó hasta la biblioteca y agarró un libro. Por el dibujo debía ser Alicia en el País de las Maravillas. No le importó. Cogió el mechero y lo quemó, tirándolo después al suelo. El incendio se propagó pronto. Salió corriendo de casa gritando ¡Fuego! ¡Fuego!
Dos horas más tarde, el fuego ya había sido sofocado. Entro en casa. No se preocupó. Pensó que lo pagaría todo el seguro. Llegó hasta la biblioteca. Cogió el libro que había en el suelo. Extrañamente no se había quemado. Miró el dibujo: debía ser "Alicia en el país de las Maravillas"...
Lo tiró al suelo. "¡No puede ser!", pensó, "¡Yo mismo he quemado ese libro!"
De repente oyó un ruido. Salió al jardín. Había un conejito muy mono. Se le acercó, y le preguntó:
"¿Quiere una taza de té?"
"¿Qui... qui... quién eres? Los conejos no hablan"
"¿No has oído hablar de mí? Yo conocía a una niña llamada Alicia. Vivo en el País de las Maravillas. ¿No has oído hablar de mí? ¿No sabes leer? Deberías aprender"
¡Dios mío! Era imposible. Antes el libro no se había quemado, ahora aparece un conejito que dice que vive en ese país. Creyó volverse loco.
"¡Eh! ¡Usted!", dijo una voz."
"¿Es a mí?"
"Sí. Usted tiene secuestrada a mi amada."
"Eso es una tontería. Pero... ¿quién es su amada?"
"La reina del Universo. Mi bien amada Dulcinea del Toboso"
"¿Quién? ¿Quién es usted? ¿Quién es esa Dulcinea?"
"Yo soy Don Quijote de la Mancha. ¿No ha oído hablar de mí? Tiene que leer más a menudo..."
Se despertó. Todo había sido una pesadilla. Su hijo había muerto, y el horror le hizo creer que tenía que luchar contra personajes de libros. Pero... ¿dónde estaba? Debía ser un hospital.
"Buenos días, señor Poe. ¿Qué tal ha dormido?"
"Muy mal. Pero... ¿quién es usted? ¿Dónde estoy?"
"Mi nombre es Dorothy. Y está en Oz..."