Melibeo Fernández, también llamado el mediometro estaba sentado en una silla de su prisión celestial. Estaba esperando el día del J.F. (juicio final). La gente estaba esperando el gran veredicto sobre lo que era el caso más importante del más allá. Sin embargo, la última palabra no estaba dicha...
Llamaron a la puerta
--¿Quién es? --preguntó Melibeo.
--Calixta
--¿Y qué quieres?
--Abre la puerta y lo sabrás.
Melibeo abrió la puerta, y se encontró a su ex-querida Calixta. Iba vestida (mejor dicho, no iba vestida) con un picardías rojo y una bata transparente que enseñaba todo lo que el picardías no tapaba. Y el picardías tampoco era opaco del todo.
--Ca... ca... Calixta ¿qué estás haciendo?
--Te deseo con todas mis fuerzas, Meli mío.
--Te he pillado --dijo Melibeo muy enfadado--. ¿Qué quieres de mí?
--¿Qué te hace pensar que quiero algo de tí? --sollozó.
--La última vez que te mostraste cariñosa conmmigo fue en la noche de bodas. Y además, sólo me llamas "Meli" cuando quieres algo de mí. Sólo te han faltado tus famosos bizcochos borrachos para terminar de sobornarme.
--No me he olvidado de ellos --. Salió a la puerta, y entró con un saco de cuarenta kilos de bizcochos.
--¿Y qué quieres? ¿Por qué te has tomado todas estas molestias?
--Por una razón muy sencilla. Quiero que en el J.F. testifiques a mi favor.
--¿Y para qué quieres que testifique a tu favor?
--Verás, la verdad es que estoy enamorada.
--¿Del Pato Donald?
--No, de San Juan de la Cruz. Quiero estar con él para el resto de la eternidad. Y para ello tengo que subir al Cielo, pero con mis cargos, lo tengo un poco difícil. Por eso necesito tu declaración.
Melibeo empezó a mostrarse muy interesado. Ella le necesitaba, y sería el momento de vengarse de ella. Tenía una sed de venganza increíble.
--O sea que:
"Dices que te marque el camino a un nuevo amor
y esperas que la distancia logrará hacerme
olvidar mis penas".
--Exactamente --dijo ella.
--"Quieres qe te tenga entre mis brazos,
y en mis manos
como un racimo en el verano
al llegar a mi boca".
--De eso, te puedes librar
"Menos mal --pensó--, porque no estaba dispuesto a tanto. Pero tú no te vas a librar del infierno porque...
"Ya sopla el viento a mi favor
te demostraré quién soy,
y te acordarás de haberme conocido.
Siempre oigo tu voz
detrás de mí, arrastrándote,
pidiendo perdón al saciar
mi sed de venganza".
No había dicho nada, pero se sonrió ante aquella idea. Después se puso serio, y preguntó:
--¿Y qué ocurriría si te dijese que no?
--Muy sencillo, te quedarías sin bizcochos.
Melibeo se quedó muy serio. Tenía unos deseos locos de vengarse de ella, pero no podría vivir sin sus bizcochos borrachos. Se resignó.
--Está bien, lo haré. Pero ahora lárgate de aquí.
Ella se fue. Y él se quedó sólo, pensando qué debía hacer.
*** *** ***
--El Juzgado de lo Supremo y lo Divino para las Deciciones Finales sobre el Destino de la Humanidad abre su sesión. La preside el honorable Juez San Mateo.
Una vez hubo terminado el discurso de todos los días, San Pedro se sentó. No le gustaba su trabajo, pero ser el portero del Cielo tenía sus obligaciones. Vió cómo San Mateo entraba en la sala y se sentaba en el estrado. San Mateo era el Juez principal y sólo presidía los casos más importantes. Y éste era el más importante desde la Matanza de Texas. Asímismo, habían acudido todos los santos, así como los presidentes de las Dos Naciones de Ultratumba (Jesucristo y Lucifer). La expectación era máxima.
--Se abre la sesión --dijo San Mateo.
--San Pedro se acercó a San Mateo y le informó del caso.
--Unico caso del día, Señoría. El Pueblo de Ultratumba contra Melibeo Fernández y señora.
--Muy bien. Que se acerquen los abogados.
Noé, el fiscal, famoso por haber conseguido la condena a muerte de millones de seres "humanos" y animales durante el Diluvio Universal, y San Judas, el abogado defensor y patrón de los imposibles, se acercaron al estrado.
--¿De qué se les acusa? -- preguntó San Mateo.
-- Se les acusa de asesinato mutuo, con premeditación, alevosía y mala leche --contestó el fiscal.
--¿Y cómo se declaran?
--El se declara culpable --dijo San Judas--. Y ella inocente.
Sonaron murmullos en la sala. Nadie se esperaba que ella se declarase inocente.
--¿Y en qué se basa para esa declararación?
--Señoría, tenemos un testigo que dirá que Calixta no mató a su marido, y su testimonio será irrefutable por ser la persona que es.
--¿Y quién es ese testigo? --preguntó San Mateo muy interesado. Llámelo a declarar.
--Señoría, la Defensa llama a declarar a Melibeo Fernández, marido de la acusada, acusado él también y además presunta víctima.
Un revuelo se hizo oír en la sala. Todo el mundo quería saber qué es lo que iba a decir.
--Señor Melibeo, siéntese en el estrado --dijo el juez.
Melibeo se sentó. La noche anterior no había podido dormir pensando en qué tenía que hacer. Ahora ya sabía qué iba a ocurrir en ese juicio.
--Señor Fernández --comenzó San Judas, pensando que, por una vez, iba a vencer.
--¿Sí?
--¿Por qué no nos dice qué es lo que ocurrió en el castillo de Ballymoney, aquella trágica noche?
--En pocas palabras, yo llegué a casa medio borracho, como siempre, cuando vi que en la habitación de invitados estaba Calixta con mi amigo Celestino, y entonces, en un arrebato de celos, yo le maté. Calixta se quiso vengar, y cuando yo estaba dormido, me mató. Por supuesto, yo no consentí eso, y la maté yo también. Por eso me declaro culpable. Pero ella también es culpable. Además, tengo otra cosa que decir sobre ella.
--Protesto, señoría. sólo le he preguntado qué había ocurrido. Lo que él piense de su señora no viene al caso, y además, no es imparcial --dijo Judas.
--Señor abogado --dijo San Mateo--. si no me equivoco, es su único testigo, así que su declaración es necesaria. Déjele hablar, por favor.
Judas veía peligrar su caso, pero no tuvo más remedio que callarse. Sólo dijo:
--Continue, pues.
Melibeo se levantó, se acercó al banquillo de los acusados y empezó a decirle lo que pensaba de ella:
--"Pides que no tenga en cuenta tus faltas
tus defectos y que olvide tus deslices, tus intrigas
y manejos
Eres sólo un bicho ruín
no mereces ni siquiera vivir
creo que lo que tienes que hacer es
huir de mí.
Ya sopla el viento a mi favor
te demostraré quién soy
te arrepentirás de haber nacido".
Calixta estaba llorando. No se lo podía creer, se estaba vengando de ella. Lo tenía decidido, no le iba a dar los bizcochos, así que se iba a fastidiar. Lo malo es que ella no podría vivir con San Juan de la Cruz. Se resignó y continuó escuchando la mayor de las venganzas de su marido.
--"Siempre oigo tu voz
detrás de mí, arrastrándote
pidiendo perdón al saciar
mi sed de venganza".
--¿Ha terminado, señor Fernández? --preguntó el juez.
--Sí, señoría.
--Entonces, me retiraré a deliberar. Daré el veredicto mañana a las nueve. Se levanta la sesión.
Calixta Melibeo coincidieron en la salida. Ella le dijo:
--Has hecho una tontería. Así te quedarás sin bizcochos.
--Me da igual. El verte arder en el infierno es mucho mejor que cualquier bizcocho.
A la mañana siguiente, la sala estaba repleta. Después de que San Pedro anunciara al Juez, se hizo el más absoluto silencio.
--En vista del testimonio de Melibeo Fernández en esta sala, mi veredicto es el siguiente: En el caso de El Pueblo de Ultratumba contra Melibeo Fernández declaro al acusado culpable. En éste caso no había ninguna duda, él mismo se declaró culpable. Por eso le condeno al destierro a la Tierra, donde deberá cumplir una condena de ochocientos setenta y cinco años y un día, asustando a los moradores del castillo de Ballymoney.
La sentencia era demasiado cruel ya que volver a la Tierra cuando por fin había conseguido salir de ella era muy duro, pero Melibeo se resignó. Por lo menos vería como condenaban a Calixta.
--En cuanto al caso de El Pueblo de Ultratumba contra Calixta Fernández, la decisión ha sido más difícil. --San Mateo suspiró, rezó y continuó: --En vista de la declaración del señor Fernández que dijo que ella le había matado mientras dormía, tengo que declararla inocente por falta de pruebas. Señor Fernández, si estaba durmiendo, no pudo ver a su asesino.
Melibeo cayó al suelo, llorando. No había conseguido que condenasen a su esposa, y lo peor de todo, se había quedado sin bizcochos.
Melibeo salió de la sala mientras comenzaba el siguiente caso: Desde ahí se podía oír la voz de San Pedro anuncíandolo.
--El Pueblo de Ultratumba contra el señor Celestino. Se le acusa de infidelidad, y de haber sido el móvil de su asesinato...
EPILOGO
Actualmente en el castillo de Ballymoney se oye una voz quejumbrosa que se pasa las noches diciendo:
--No se te ocurra vengarte. Si te ofrecen una recompensa por hacer algo, acéptala, si no, te arrepentirás para toda la vida...
Y aquella quejumbrosa voz de ultratumba termina diciendo:
--¡¡Quiero mis bizcochooooos!!